Un artículo periodístico leído a los doce años transformó la incertidumbre de mi futuro en una causa concreta.
Una escena que me representa
¿Qué hacer cuando en tu juventud no sabes qué hacer? El pensamiento a cerca del futuro siempre me ha perseguido, no porque no supiera lo que no me gustaba, me gustaban demasiado muchas cosas a la vez: quería ser cantante, actriz, pintora, veterinaria, diseñadora de modas, arquitecta y justiciera social, pero, hubo un momento exacto en que esa dispersión encontró un cauce definitivo.
Tenía doce años cuando mi padre compró un periódico, en sus páginas leí un artículo sobre el futuro del planeta, aunque ambigua mi descripción, mostraba la imagen de un animal mutado por desechos tóxicos, acompañado de reportajes sobre la contaminación global y las proyecciones de su impacto. Esa lectura me provocó una sensación profunda de urgencia, no sabía por dónde empezar a cuidar el medio ambiente, pero sentí la necesidad inmediata de hacer algo.
Abrí una cuenta de Instagram para republicar artículos sobre calentamiento global y críticas al consumismo; más tarde, comencé a escribir frases reflexivas sobre cartones y papeles reciclados para pegarlos en las calles de Quilicura, interpelando a quienes consumían de forma desmedida, empecé a asistir a marchas ambientales donde observaba cómo el mensaje de «no contaminar» a veces se desdibujaba en pequeñas hogueras, aunque comprendía que el verdadero daño venía de la basura estructural que generan las grandes corporaciones. En ese camino entendí que lo que unía mi cuenta de Instagram, los carteles amargos en las esquinas y mi presencia en las marchas no era solo el activismo impulsivo, era la necesidad vital de informar.
Quería que las personas tuvieran acceso a la misma información que a mí me había sacudido, provocaándoles un despertar que las llevara a reaccionar. Ahí comprendí qué clase de periodista quería ser: alguien capaz de comunicar la realidad con un impacto tan profundo que obligue al receptor a salir de la indiferencia.
Lo que me distingue
Lo que me diferencia como futura periodista es la combinación de una sensibilidad ética profunda hacia el medio ambiente y los seres vulnerables con una narrativa visceral, y orientada a la movilización social. No entiendo la comunicación como un mero ejercicio descriptivo ni como un espectáculo estético, la responsabilidad cívica es una herramienta de transformación comunitaria que nace desde la empatía que poseen los buenos comunicadores.
Sé investigar problemáticas complejas sobre sostenibilidad y derechos sociales, traduciéndolas en relatos accesibles pero rigurosos, mi experiencia empírica desde muy temprana edad, ya sea gestionar plataformas de difusión digital, intervenir el espacio público de manera artesanal en mi comuna y conectar con colectivos sociales en las calles, me otorgó una perspectiva territorial auténtica. Entiendo cómo se vive la desigualdad ambiental en las poblaciones y conozco la importancia de comunicar desde la honestidad y el respeto por el otro, ya sean comunidades humanas, futuras generaciones, animales o ecosistemas.
Mi identidad y personalidad de marca no se construyen desde el ego profesional o desde la búsqueda de celebridad en pantalla, mi rasgo diferenciador es la pasión por la verdad incómoda y el compromiso inquebrantable con el bien común. Escribo con amor y con la crudeza que exige la realidad, buscando que el dato verificado se convierta en una convicción ética dentro de quien me lee.
El periodista que quiero llegar a ser
Mi público objetivo está constituido por ciudadanas y ciudadanos que buscan una cobertura honesta, libre de matices corporativos y comprometida con el impacto real en el entorno, quiero llegar a audiencias jóvenes y comunidades que necesitan entender cómo las decisiones políticas y empresariales afectan directamente su vida cotidiana y el planeta.
Mi propuesta de valor reside en entregar una información rigurosa y conmovedora que devuelva el sentido de urgencia a las problemáticas actuales. No busco engañar ni exagerar; un periodista jamás debe recurrir a la falsedad ni al amarillismo, quiero que al leer mis textos, la gente sienta ese terror constructivo que experimentó mi versión de doce años al descubrir la verdad sobre el mundo: un impacto honesto que sacuda la apatía, despierte la empatía y promueva el pensamiento crítico, impulsando a las personas a reciclar, cuestionar el consumo masivo o exigir cuentas a quienes ostentan el poder.
Quiero que recuerden mi trabajo por su autenticidad y su capacidad para calar hasta los huesos, deseo ser reconocida como una profesional que hace que las personas comprendan los problemas a fondo, recordando que como seres humanos somos valiosos, que el otro importa y que nuestro entorno merece ser protegido con firmeza.
Mi nombre, mi voz y mi vitrina digital
Expreso mi marca personal bajo el nombre profesional Anyel Nilo, sé que en el ámbito periodístico se suele asociar la transparencia al uso del nombre completo; sin embargo, considero que la labor principal del periodista no es exhibir su propia transparencia personal, es garantizar la transparencia de la historia misma, de los datos y de las realidades que saca a la luz. Yo soy la mediadora que escribe; los afectados son los verdaderos protagonistas.
Mi estilo comunicacional es directo, directo al hueso, honesto y profundamente empático, en términos visuales y de vitrina digital, mi estrategia se basa en la cohesión entre plataformas web y redes sociales. Utilizo WordPress como mi centro editorial primario para publicar crónicas, reportajes e investigaciones de largo aliento; integro mi perfil de LinkedIn como red de vinculación profesional y académica; y aprovecho de usar mucho Instagram como una ventana visual e interactiva para conectar con audiencias dinámicas mediante narrativas multimediales.

Una promesa profesional
El futuro me sigue aturdiendo, pero hoy lo hace de una manera distinta, ya no me abruma la parálisis de no saber qué estudiar, ahora es la pregunta consciente sobre cómo cuidaremos el planeta, cómo serán los gobiernos de turno y cómo defenderemos nuestros derechos. La diferencia es contar con una herramienta decisiva: mi voz para ejercer el periodismo que mantiene a la sociedad informada como corresponde.
Mi promesa profesional es escribir siempre con crudeza y amor, investigar desde el bien común, respetando el valor sagrado de la vida en todas sus formas y entregando contenidos que no se queden en la superficie. Al terminar de leer mi trabajo, el lector debe comprender que en mi firma encuentra un compromiso inquebrantable con la honestidad: despertar conciencias y mover al mundo hacia la acción.
Anyel Nilo