Durante mi segundo o tercer año de universidad, la depresión volvió a estar muy presente en mi vida. Me estaba costando cumplir con algunas cosas que antes podía hacer con mayor facilidad: asistir a clases, participar y mantener el ritmo académico. No era que no me interesara mi carrera ni que no quisiera estar ahí. Simplemente estaba pasando por un momento en que hacer algunas cosas se volvía mucho más difícil.
En ese momento decidí contarle a uno de mis profesores lo que me estaba pasando. Quería que entendiera por qué había faltado a algunas clases y por qué no estaba participando de la misma manera. No buscaba que me eximiera de mis responsabilidades ni que me tratara de una forma especial. Solo quería que conociera el motivo.
Su respuesta, sin embargo, fue bastante distinta de lo que esperaba. Me cuestionó, entre otras cosas, por qué había decidido estudiar una carrera que podía ser tan difícil para mí si sabía que tenía ese «problema».
No fue solamente lo que me dijo. Fue darme cuenta de que una situación que para mí era compleja estaba siendo mirada desde un lugar completamente distinto, casi como si fuera una decisión equivocada que yo misma había tomado. Todo eso me hizo pensar mucho en la forma en que las personas entendemos la salud mental y en lo fácil que puede ser juzgar aquello que no conocemos.
Una parte importante de nuestro trabajo como periodistas consiste en escuchar. Escuchar a personas que tienen historias distintas a la nuestra, hacer preguntas, intentar comprenderlas y luego transmitir esa realidad a otras personas. Entonces empecé a preguntarme cómo estábamos haciendo ese trabajo cuando se trataba de salud mental.
En cuarto año decidí investigar cómo se representa la estigmatización de la depresión en algunos medios de comunicación para mi proyecto de tesis. Me interesaba saber cómo se hablaba de ella, qué palabras se utilizaban y qué imagen se construía de las personas que viven con depresión.
Había algo que había observado durante años: muchas veces la salud mental parecía adquirir mayor espacio en los medios cuando estaba relacionada con alguien famoso o con una situación que se convertía en noticia. Pero detrás de esos casos existen muchas otras personas viviendo experiencias similares que no aparecen en los medios o que en ocasiones se habla de ellas como algo ajeno, no se les permite usar su propia voz.
Esa investigación terminó siendo mucho más que un trabajo académico. Me ayudó a entender qué cosas me importan cuando pienso en el periodismo y qué tipo de profesional quiero llegar a ser…
Si tuviera que explicar qué me distingue, probablemente no comenzaría diciendo que soy responsable, creativa o comprometida. Creo que esas palabras pueden describir a muchas personas y, por sí solas, no dicen demasiado.
Para mí, la diferencia está en la manera en que miro las historias.
Cuando pienso en una noticia, me cuesta verla solamente como un hecho. Pienso en las personas que aparecen en ella. Si alguien perdió su casa, no es solamente “el afectado”. Si alguien está pasando por una enfermedad, no es solamente “el paciente”. Si alguien fue víctima de un delito, no es solamente “la víctima”. Antes de cualquiera de esas palabras, hay una persona.
Tiene una historia, una familia, preocupaciones, recuerdos y una vida que existía antes de que nosotros llegáramos a contarla. Y va a seguir existiendo después de que la noticia deje de circular. No quiero perder de vista eso.
Creo que el periodismo necesita rigurosidad y también necesita humanidad. Una cosa no debería quitarle espacio a la otra. Ser cercana con una persona no significa dejar de hacer preguntas importantes ni dejar de investigar. Significa recordar que estamos trabajando con historias reales y no solamente con material para llenar una pauta.
Por eso también soy fiel creyente de que la información tiene que poder ser entendida por todas y todos, es nuestra responsabilidad lograr acercar la información al “ciudadano común”. Los tecnicismos no van conmigo, si una persona necesita entender algo que afecta su vida, debería poder hacerlo. Eso no significa simplificar todo, significa explicar bien.
Creo que muchas veces olvidamos que comprender una información también es una forma de acceso. No todas las personas tienen los mismos conocimientos, y el periodismo no debería partir desde la idea de que el lector tiene que adaptarse a nosotros. Nosotros tenemos que hacer el esfuerzo de acercarnos al lector.
Esa forma de pensar la comunicación la he podido llevar a mis experiencias de práctica. He trabajado con publicaciones para redes sociales, reels, gráficas institucionales, comunicación interna y otros contenidos digitales. En cada uno de esos trabajos he tenido que preguntarme algo muy simple: ¿quién va a ver esto y qué necesita entender?
Con el tiempo descubrí que me gusta ese proceso. Me gusta tomar información, ordenarla, buscar la forma de explicarla y pensar cómo presentarla para que realmente llegue a alguien. Por eso mi interés profesional no está solamente en escribir, me gusta poder encontrar distintas maneras de contar una misma idea.

Un compromiso ético
Todavía no sé exactamente dónde voy a terminar trabajando. No tengo completamente decidido si quiero dedicarme a un área específica del periodismo o si voy a ir descubriendo mi camino a medida que tenga nuevas experiencias.
Y, por ahora, no me preocupa demasiado no tenerlo resuelto. Lo que sí tengo bastante claro es cómo quiero sentirme respecto al trabajo que haga.
Quiero poder mirar una historia y sentir que hice el esfuerzo por comprenderla antes de contarla. Quiero investigar, preguntar y buscar información confiable, pero también quiero escuchar de verdad a las personas involucradas.
Me interesan los temas que tienen un impacto en la vida cotidiana. La salud mental es uno de ellos, y probablemente seguirá siendo un tema cercano para mí, pero claramente no quiero limitar mi mirada solamente a ese ámbito.
La experiencia de mi tesis me enseñó algo que puedo llevar a cualquier área: la manera en que contamos una historia importa.
No es lo mismo hablar de una persona que vive con depresión que hablar de alguien “que no pudo superar sus problemas”. No es lo mismo contar una situación de vulnerabilidad desde la distancia que intentar comprender qué significa para quienes la viven.
Las palabras importan.
El enfoque importa.
Y las personas importan.
Esa es la clase de periodismo que quiero hacer.
Quiero que mi trabajo pueda entregar información clara, pero también que permita comprender por qué esa información importa. Me gustaría que alguien pudiera leer una nota mía y no solamente terminar sabiendo algo que antes no sabía, sino también entender mejor una realidad que quizás nunca había tenido cerca.
Si con el tiempo mi nombre logra asociarse a una periodista que explica de manera clara, que se preocupa por las personas y que intenta tratar las historias con respeto, sentiría que estoy construyendo la identidad profesional que quiero.
Quiero que mi nombre profesional sea una extensión de la forma en que soy y de la manera en que entiendo mi trabajo. Por eso quiero que mi comunicación sea cercana y clara. No necesariamente informal, porque hay temas que requieren seriedad, pero sí humana. Quiero escribir de una manera que permita sentir que detrás del texto hay alguien que realmente se interesó por entender lo que está contando.
No quiero que mi perfil sea solamente una lista de cargos o experiencias. Quiero que también muestre qué temas me interesan y qué tipo de contenido soy capaz de crear.
Un ejemplo de ello es mi experiencia en el Instituto de Neurocirugía Dr. Alfonso Asenjo. Durante mi práctica participé en la creación de contenidos para redes sociales, reels, gráficas institucionales, comunicación interna y otros materiales.
Uno de los aprendizajes más importantes de ese trabajo fue justamente lograr acercar información tan compleja como lo es la neurocirugía al resto de las personas. Ese tipo de trabajo representa bastante bien la profesional que quiero ser.
Cuando pienso nuevamente en aquella experiencia de mis primeros años en la universidad, no me gusta pensar que fue solamente algo negativo que me ocurrió. Fue difícil, pero también me hizo cuestionarme cosas que terminaron siendo importantes para mi formación.
Mi tesis nació, en parte, de esas preguntas. Y esas preguntas todavía están presentes cuando pienso en mi futuro profesional.
La salud mental me enseñó personalmente lo que puede significar sentirse juzgada por algo que los demás no comprenden. El periodismo, por otro lado, me ha enseñado que escuchar es una de las herramientas más importantes que tenemos para acercarnos a realidades distintas.
Quiero juntar ambas cosas en mi manera de trabajar. Quiero informar sin hacer sentir al lector que necesita ser un experto para entender. Quiero investigar sin olvidar que estoy trabajando con personas. Quiero contar historias sin convertir a quienes las protagonizan solamente en un dato o un titular.
Sé que mi identidad profesional va a seguir cambiando. Probablemente voy a descubrir nuevos intereses, aprender nuevas herramientas y enfrentarme a temas que hoy todavía no conozco. Pero hay algo que sí quiero conservar.
Quiero ser una periodista que no se olvide de que detrás de cada noticia hay una persona, simplemente quiero seguir siendo humana.