Foto: @guilleasalazar
Hace ya cinco años que decidí incursionar en lo que se volvió mi eterno amor.
El periodismo llegó a mi vida a muy temprana edad, pero no fue hasta 2019 que supe que quería verme inserta en ese maravilloso mundo.
Todo se remonta a la más inocente de las experiencias, cuando a los cuatro años mi padre me presentó el mundo de los superhéroes. Tal como menciono, caí rendida ante la fantasía de Lois Lane, reportera estrella del Daily Planet de los cómics de Superman. Su capacidad de correr hasta la historia porque la gente tenía que saber qué sucedía en la ficticia ciudad de Metropolis me hizo soñar con llegar a ser como el conjunto de líneas salidas de la pluma de Joe Shuster.
A Lane se le sumó, cómo no, Spider-Man. La narrativa que rodeaba a Peter Parker logró calar en mí de tal forma que con dieciocho años decidí por fin que podía ser quien quería ser en verdad, incluso aunque el camino fuera cuesta arriba. ¿La gota que colmó el vaso de mi creciente curiosidad? El Estallido Social de 2019.
El factor decisivo en mi carrera como estudiante de Periodismo
Tras el primer perdigón en cobrar la visión de los manifestantes de finales de la década pasada, me di cuenta que algo faltaba entre la ciudadanía, algo que me quitó el sueño hasta comenzada la pandemia del Covid-19, una cobertura digna del respeto del pueblo chileno. Tenía que ser un tipo de prensa que no le mintiera a su gente y estuviera al servicio de quien desea informarse con veracidad. El enclaustro a raíz de la epidemia me permitió pensar en lo que quería realmente para mi futuro: Ser la primera en enterarme de lo que pasa y poder contarlo.
Poco sorprendió a mis seres queridos mi ingreso a la carrera de Periodismo. Era como si hubiera estado predestinado desde que mi corazón de niña quedó bañado en la icónica frase “un gran poder conlleva a una gran responsabilidad”.
Si le sumamos un idealismo proveniente del deseo de denunciar lo que sucedía a mis alrededores durante el fin del mandato de Sebastián Piñera, era ya solo cuestión de firmar los papeles correspondientes para finalmente dar rienda suelta a mis aspiraciones de comunicadora social. Y, sin embargo, la vida académica me terminó llevando a ampliar mi camino, a un área que nunca esperé adorar tanto como el reporteo político y la contingencia: la música.
El puente entre un hobbie y mi profesión
Octubre de 2025, comencé mi primera práctica intermedia en un formato que odiaba en un inicio. Mis ambiciones apuntaban a los departamentos de prensa tradicionales, ¿Yo qué hacía en radio? Me lo pensé por mucho tiempo antes de postular a Radio Rock & Pop, la radio favorita del hombre que me inculcó el pasatiempo de los cómics del trepamuros y el Hombre de Acero.
Gracias a las referencias de colegas que pasaron por el mismo medio en circunstancias similares, cambié de opinión, y fue lo mejor que pude haber hecho jamás mientras aún le daba rumbo a mi primer acercamiento con el periodismo más allá de la mera teoría.
Rock & Pop se volvió para mí casi un sueño hecho realidad. Descubrí in situ la emoción de enterarme desde la prensa extranjera de las noticias más recientes de mis artistas y películas favoritas, como el récord que “Sinners”, película de 2025, rompió al obtener 16 nominaciones a los Premios Oscar de ese mismo año. Y lo más importante, fue la primera vez que llevé a cabo una cobertura musical en terreno.
A un mes de iniciar mi práctica en Rock & Pop, participé del reporteo del Festival Fauna Primavera, donde tomé registro de los espectaculares conciertos de Aurora, Massive Attack, Weezer y muchos más.
Mi proyecto más satisfactorio
Un par de líneas más atrás dije que odiaba la radio como medio para desempeñarme, pero la verdad es que no es así, solo me generaba temor la idea de salir al aire. Afortunadamente para mí, mi rol fue distinto, y la experiencia ha ido disipando paulatinamente el miedo que sentía por mi propia voz.
La cosa no terminó en la cobertura de los dos maravillosos días de pura música en el Parque Ciudad Empresarial, sino que se extendió hasta mi último día como aprendiz de Macarena Hansen. 28 de enero, mi finalisimo final día en Prisa Media, el departamento de prensa digital me concedió la confianza y el honor de ser quien cubriría el regreso de My Chemical Romance a Chile.
En un concierto inigualable, bañada en sangre falsa y con las pestañas a punto de arder por el ígneo fuego del escenario, fui testigo desde la más privilegiada posición del retorno de Gerard Way a los conciertos.
Luego de 18 eternos años, una de las tantas bandas de rock alternativo de mi adolescencia volvió a pisar mi país y yo pude verlos en primera fila. Mejor aún, el periodismo me permitió descargar una rebosante pasión que no tenía dónde depositar hasta integrarme a la radio como reportera, culminando en mi mayor orgullo, mi reseña de la visceral velada.
La periodista que aspiro ser
A raíz de estas experiencias, comencé a especializarme más y más en el funcionamiento del SEO, el análisis musical y el proceso detrás de una producción sonora. Continuar por este camino me llevó a iniciar un segundo proceso de aprendizaje en Radio Futuro, hermana mayor de Rock & Pop.
En dicho medio, he logrado poner a prueba mis habilidades de investigación, mi área predilecta en el área de las comunicaciones, lo que me permite establecer un vínculo con las audiencias a través de la correcta información de un apartado tan apasionante como la música.
No obstante, la contingencia no ha perdido valor en mi formación profesional, ya que una de las aristas que integro en mi reportaje en desarrollo «Bares lésbicos a la baja» tiene profunda relación con la política en conjunto con el impulso de medidas de integración y protección hacia comunidades marginadas como lo son las mujeres LGBTQ+.
De esta forma, mi carrera próxima a culminar está abierta a ambos aspectos; la contingencia política y el rock, la música y la actualidad, ambos combinados a través de un enfoque investigativo, siempre con los derechos humanos y la ética como mi compás profesional a la hora de desarrollar mi trabajo como comunicadora.