En el corazón de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, escondido entre pasillos y murales, un balcón de piedra guarda más secretos que plantas. No es raro que al caer la tarde, mientras los estudiantes se apresuran a salir, alguien sienta una brisa que murmura nombres o recite historias de los estudiantes.
El balcón no responde, pero guarda. Y en su silencio, sigue siendo el mejor confidente de la universidad.
