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Escuchando la radio camino a la universidad, me enteré de que hoy se celebra el día mundial del correo en conmemoración a la fecha en que se creó la Unión Postal Universal. Fue cómico porque mientras escuchaba las anécdotas de los locutores sobre las cartas que enviaron en el pasado a exparejas y familiares, pensaba en mí propia relación con este recurso que hasta ahora sigue teniendo un valor muy significativo.
Para ser alguien que nació en los comienzos de la era digital, las cartas y postales siempre tuvieron una importancia en mi casa, desde escribirle a los reyes magos hasta, incluso, como un recurso para pedir disculpas. Quizás esto se deba porque el internet llegó relativamente tarde a mi hogar, pero siempre me pareció que el gesto de dedicar a mano palabras era de una intimidad y cariño superior.

Recuerdo que en la media tuve acceso limitado al celular, por lo que me comunicaba mediante Gmail con mis amigas para gestionar trabajos respetando la misma estructura de una carta tradicional, aunque se rieran de mí. En temporada de navidad, con mi mamá tenemos la tradición de participar en la campaña de Correos de Chile que consiste en apadrinar una carta de algún niño o niña con sus deseos al viejito pascuero.
En conclusión, dudo que a estas alturas se me pase la obsesión por coleccionar papel en cajas de zapatos, sobretodo porque mis cercanos siguen consintiéndome con este gesto. Mientras que a otros le apesta la idea de refugiarse en cosas del pasado, yo me mantengo firme a las palabras de quienes quiero, pese a que ya no formen parte de mi vida.
Estimada Anita, interesante relato, una historia que perfectamente puede adaptarse a una crónica periodística. Es decir, contar con una historia que es el Día Mundial del Correo. Si el remate hubiera mencionado justamente lo que anuncias en el título, habrías estado muy cerca de la perfección.
Las historias tienen ese objetivo, mover alguna emoción. En este caso, quien lo lea, seguro que: o rememora tiempos pasados (los que conocieron las cartas y las usaron) y a quienes les interesa conocer esta «arcaica» manera de comunicarse. Bien. A pulir la pluma.