Entre malas decisiones deportivas y dirigenciales, Unión Española marcó en su historia el segundo descenso en sus 128 años de historia.
El Estadio Santa Laura siempre fue más que un recinto deportivo para Unión Española. En sus 102 años de existencia, la catedral del fútbol chileno ha sido uno de los centros futbolísticos más importantes de Santiago y uno de los pilares de la historia hispana. Pero los últimos años, su cancha comenzó a mostrar síntomas de una crisis más profunda: una dirigencia que perdió el control.
La temporada partió con una mala noticia. El césped del Santa Laura comenzó a morir. Primero fueron manchas amarillas; luego franjas enteras que parecían quemadas. El Gerente General aseguró que un hongo mató el estado de la cancha. Mientras el hincha buscaba explicaciones, la dirigencia apuntaba responsabilidades internas, y el Cristián Rodríguez, gerente general, fue despedido.
Los partidos se suspendieron y la localía se perdió. Ni la Universidad de Chile ni la Universidad Católica pudieron usar el estadio como arrendatarios. Unión Española tampoco pudo jugar ni entrenar en Santa Laura, teniendo que mudarse a estadios como el Sausalito o el Bicentenario de La Florida.
A los problemas de la cancha se suma otro que tampoco permitió el uso del estadio: la Municipalidad de Independencia paralizó los trabajos de la nueva luminaria prometida en 2024 por no contar con los permisos correspondientes para instalar los nuevos postes.

Las consecuencias por las luminarias se presentaron todo el año, Unión sólo pudo programar partidos de día al volver a Santa Laura, en pleno verano, y con el calendario en contra. La sensación entre los hinchas era evidente: la dirigencia ni siquiera podía mantener operativo en buenas condiciones su propio estadio.
Durante la ausencia de Santa Laura, al no poder entrenar y cambiar constantemente de centro de entrenamiento, volvió a la mente de jugadores e hinchas la “Ciudad Deportiva” prometida por Jorge Segovia desde 2022. Se anunció un terreno en Batuco, un complejo moderno y un sueño institucional. Pero después de colocar una simbólica primera piedra, nunca más se supo del tema.
El restaurante “Catedral”, inaugurado con entusiasmo a inicios de 2025 como parte del “nuevo Santa Laura”, fue clausurado por no contar con patente sanitaria. Las críticas apuntaron directo a la administración, incapaz de mantener en pie sus propios proyectos.
En paralelo, el concierto de Anuel AA, que pretendía ser un ingreso para el club, fue postergado por “fuerza mayor”, mientras rumores sobre eventuales molestias con la gestión del estadio circulaban en la prensa, responsabilizando a la gerencia del club por no cumplir las exigencias del artista de cumplir con luminarias para presentarse de noche.
Luego del despido de Rodríguez, renunció el gerente deportivo, Gustavo Canales, quien apenas llevaba ocho meses en el cargo. Días después cayó el técnico José Luis Sierra, golpeado por la mala campaña decide dejar su cargo por —en sus palabras— el bien del club.
Cada salida dejó más preguntas que respuestas, y pese a que Unión se mantenía en puestos de descenso, nadie desde arriba daba explicaciones. Jorge Segovia, dueño del club y figura central de la estructura del Grupo Sek, se mantuvo en silencio absoluto, mientras que el nuevo gerente general, Sabino Aguad, poco y nada se refería al futuro de la institución.

El segundo semestre
Para la segunda mitad del año y afrontar los puestos de descenso, asume el nuevo director técnico, Miguel Ramírez, quien venía de renunciar por pelear el descenso en Deportes Iquique, sería el llamado para mantener la categoría en el cuadro hispano. Segovia reaparece públicamente luego de publicar en X que la llegada del técnico, vendría acompañada de refuerzos.
Pero nada más llegar sumó su primera polémica: el arquero Franco Torgnascioli terminó de evidenciar el ambiente fracturado. El uruguayo reveló que el DT Miguel Ramírez “no respetó los códigos”, y que se enteró de su suplencia en mitad del entrenamiento. Su salida fue inmediata.
Meses después, luego de no obtener resultados suficientes para sacar a Unión de puestos de descenso, Ramírez decide renunciar previo a las últimas tres fechas del torneo. Lo que finalmente termina con Unión Española descendiendo a Primera B.

Con el descenso convertido en una realidad, fuera del estadio, el fantasma más grande de todos volvió a instalarse: la posibilidad de vender el Santa Laura. En una entrevista realizada por El Mercurio, detalla que durante las negociaciones con la «U» en 2023, Unión Española analizó desprenderse del recinto.
El expresidente del club aseguró que “Santa Laura no debería venderse”, pero confirmó que hubo conversaciones y presiones económicas que hacían tentadora la idea que volvió a instalarse luego del descenso de este año.
En tiempos donde la cancha está destruida, el Grupo Sek estudia poner césped sintético, y los proyectos no avanzan, el temor renace. Entre los hinchas, la preocupación es clara: si el club no logra ordenar su administración, el próximo paso podría ser vender su estadio. La casa que resistió más de un siglo podría perderse por la mala gestión del último lustro.
La temporada 2025 quedará marcada como una de las más duras en la historia de Unión Española. Una campaña que comenzó con el césped muerto y terminó con el club descendido por segunda vez en 128 años, y peleando por no perder el estadio construido por sus propios hinchas hace más de cien años.
La crisis de Unión Española dejó una certeza: cuando la administración falla, la identidad se vuelve frágil. Hoy el club pelea por recuperar su cancha, su rumbo y su credibilidad. El futuro es incierto, pero la historia del Santa Laura demuestra que este equipo siempre encuentra una forma de resistir.