La empanada de pino, uno de los platos representativos de la gastronomía chilena, no es una creación de la época colonial, como muchos podrían pensar. Su origen se remonta a tiempos precolombinos, específicamente a las comunidades mapuches, quienes ya preparaban una versión primitiva de este platillo, basado en la mezcla de carne, cebolla y especias.
La cocción de masas ya fuera al horno o frita, es una técnica que los pueblos indígenas, como los mapuches, dominaban desde hace siglos. La inclusión de ingredientes como la cebolla, que hoy es esencial en la receta, es prueba de la sofisticación culinaria de estos pueblos.
La tradición de rellenar masas y freírlas, como lo hacían en Asia, tiene su origen específicamente en la cultura árabe, técnica que fue transferida a los europeos, quienes la adaptaron horneando sus masas. Se cree que estas prácticas llegaron a América, sin embargo, ya eran utilizadas por los pueblos indígenas, quienes las practicaban mucho antes de la llegada de los colonizadores.
A través de métodos de cocción como el curanto, proceso en hoyos con piedras calientes, los mapuches ya aplicaban formas de preparación que, con el paso del tiempo, se fueron adaptando a las influencias europeas, pero sin que la receta de la empanada de pino dejara de ser originaria de su cultura.
Este platillo tradicional se incorporó al registro histórico durante la época colonial, pero en realidad, el pino, como relleno, formaba parte de la dieta mapuche mucho antes de que los españoles pusieran su mirada sobre América. La palabra pino, como se conoce actualmente, proviene de la voz mapuche pirru o pinu, que se refiere a una mezcla de carne con cebollas, un componente clave en la receta tradicional.
Su presencia en la cocina indígena es tan antigua como las prácticas de cocción al rescoldo, en comales de barro o fogones en hoyos, que también han sido parte de la tradición culinaria del pueblo mapuche, diaguitas, chonos y williches.
Además, un reciente hallazgo realizado en Nacimiento, Región del Biobío, refuerza la idea de que los pueblos mapuches ya dominaban técnicas culinarias avanzadas, mucho antes de la llegada de los europeos. En 1629, el soldado español Francisco Núñez de Pineda relató en su libro Cautiverio Feliz cómo los mapuches le ofrecieron papas fritas durante su estadía, para ese entonces ya utilizaban aceites vegetales y animales para las fritangas.
Actualmente la receta de la empanada de pino continúa siendo un símbolo de la identidad chilena, una receta ancestral que ha perdurado y evolucionado a lo largo del tiempo, pero que siempre ha tenido sus raíces en las costumbres y conocimientos culinarios de los pueblos originarios.
