Cuenta Pública 2025. Imagen referencial sin copyright
Mientras el Gobierno celebra avances en inclusión, organizaciones como Autismo Rancagua acusan exclusión y castigo por denunciar la falta de apoyo real. La ley TEA avanza en el discurso, pero retrocede en la práctica.
Inclusión en el discurso, exclusión en la realidad
En la reciente Cuenta Pública 2025, el presidente Gabriel Boric destacó la implementación de la ley TEA como un avance significativo en la garantía de derechos para personas dentro del espectro autista.
No obstante, organizaciones como Autismo Rancagua evidencian una profunda desconexión entre el discurso oficial y la realidad que enfrentan a diario, pues los compromisos gubernamentales no se traducen en apoyos efectivos ni en acceso real a los recursos públicos.
Pese a las promesas de infraestructura adecuada, mayor cantidad de especialistas y un Chile inclusivo, la práctica muestra un escenario adverso. Fundaciones que cumplen con los requisitos exigidos son excluidas sistemáticamente de fondos como el FNDR. Este patrón se vuelve más preocupante cuando esas mismas organizaciones han levantado críticas legítimas al Estado. ¿Es coincidencia o hay consecuencias políticas por ejercer ese derecho?
Castigadas por exigir lo que se prometió
Autismo Rancagua entregó al presidente una carta señalando las fallas en la aplicación de la ley. Poco después, fue marginada de proyectos clave para su continuidad. Desde entonces, sus miembros deben organizar bingos, completadas y recolección de latas para costear la atención profesional de niños, niñas y adolescentes con autismo.

“La implementación de la ley TEA marca un paso fundamental hacia una sociedad más inclusiva. Estamos comprometidos con garantizar los derechos de las personas dentro del espectro autista y avanzar en un país que respete y valore la neurodiversidad”,
señaló el presidente Gabriel Boric en la Cuenta Pública 2025.
¿Puede hablarse de inclusión cuando el sistema obliga a mendigar para garantizar derechos básicos?

La inclusión real no se maquilla
Este caso muestra una grave contradicción: mientras se celebran avances desde el nivel central, las organizaciones que sostienen el trabajo territorial sobreviven a duras penas. Se necesita una revisión profunda de los criterios de asignación de recursos, libre de sesgos y ajena a represalias contra quienes disienten y denuncian lo que no está funcionando.

La inclusión real no se construye con discursos ni con promesas repetidas. Se logra con justicia, equidad y voluntad política concreta. Castigar a quienes trabajan por los derechos de otros, lo cual contradice el espíritu de la ley 21.545 sobre la inclusión, es una derrota silenciosa del Estado.

Cuando la inclusión se sostiene con esfuerzo comunitario
Actividades como bingos, completadas y recolección de latas se han vuelto fundamentales para la subsistencia de Autismo Rancagua. Estas iniciativas, impulsadas por las propias familias, no solo permiten financiar terapias, sino que también fortalecen los lazos comunitarios en torno a la inclusión. Son un ejemplo concreto de autogestión frente al abandono institucional.



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