Nacida en una familia dedicada al cine y al espectáculo, con solo 22 años, Dominique Dunne, ya se perfilaba como una de las grandes promesas de Hollywood. Su aparición en la icónica película Poltergeist, provocó que su popularidad fuera en ascenso, sin embargo el destino decidió otra cosa.
Las oportunidades no le faltaban, Dominique ya estaba acaparando diversos papeles tanto en la pantalla grande como en la pantalla chica, pero en todo el trayecto, tanto la vida y carrera en ascenso de Dunne solo tenía una piedra de tope, que al final resultó ser una muralla: su novio John Thomas Sweeney.

Sweeney y Dunne, se habían conocido antes de que esta última saltara al estrellato con Poltergeist en 1982, pero este ascenso iba evolucionando a la par con las actitudes tóxicas y posesivas del hombre, por lo cual, este vínculo se transformó en un verdadero infierno para Domminique, el cual decidió cortar de cuajo, algo que no dejó nada contento a Sweeney.
La noche del 4 de noviembre de 1982
Tiempo después de haber roto los lazos, Dominique Dunne estaba enfocada más que nunca en su carrera, y mientras ensayaba con un compañero de reparto para un reciente papel que había ganado en la serie V: Invasión Extraterreste, Sweeney se presentó esa noche de 1982 a la puerta de la casa donde su ex novia estaba, con la supuesta intención de «hablarle por última vez», algo que era cierto en el peor de los sentidos.
Domminique, con cierta resistencia, aceptó hablar con Sweeney, quien a pesar de inicialmente mostrarse pasivo, con el pasar de la charla comenzó a ponerse violento con Domminique, y mientras le hablaba, la tomó por el cuello y la asfixió durante cinco minutos. David Pecker, el otro actor que se encontraba en la casa, llamó a la policía de inmediato pero cuando estos llegaron, ya era tarde: Domminique estaba con muerte cerebral.
La joven actriz cayó en coma, del cual fue desconectada cinco días después de ocurrido el ataque. Por su parte John Thomas Sweeney fue condenado a seis años de cárcel, de los que solamente cumplió tres, marcando así uno de los juicios más polémicos en la historia judicial norteamericana.